¿Porqué es que cuando los jefes se quejan del bajo desempeño, nunca se quejan sobre ellos mismos?
Con demasiada frecuencia, hay jefes que tienden a atribuirles todas las fallas a sus colaboradores. Muchos se recusan o son incapaces de admitir que son ellos son los responsables por la plaga moral y de desempeño. Jefes con este tipo de actitud contribuyen a una enfermedad que frena a muchas empresas – el síndrome jefe malo, o SJM.
SJM es una carretera de doble vía que puede infectar una empresa en cada nivel: puede afectar a los empleados que sufren con la carga de un jefe, no apreciativo, que hunde su creatividad y obstaculiza su crecimiento en la empresa; o sencillamente se refiere a un gerente que es un jefe espantoso.
Los jefes no apreciativos son lo peor. Con frecuencia creen que si tu estas haciendo el trabajo por el cual te contrataron, no mereces su aprecio o gratitud. No se les ocurre darte las gracias o mostrar un aprecio por tus esfuerzos. Al fin y al cabo, para eso recibes un cheque, ¿Porqué has de merecer más?
Estoy de acuerdo con que los empleados no deberían esperar unas palmadas en las espaldas el 100% del tiempo, pero si estoy en total desacuerdo con la filosofía de algunos gerentes que no ofrecen feedback y halagos con frecuencia. Análisis tras análisis (y sentido común) demuestran que los empleados se sienten más comprometidos con sus trabajos y que son más productivos cuando saben que la gerencia aprecia sus esfuerzos. De hecho, la mayoría de las personas renuncian a sus jefes, no a sus trabajos, cuando optan por dejar una empresa.
Los Empleados Deben Comunicar sus Necesidades
En cuanto el deber no debe ser del empleado suplicar un elogio, como empleado puedes intentar re-entrenar a tu jefe para que te entregue el refuerzo positivo que necesitas. Por ejemplo, explícale que este tipo de comunicaciones te motiva a entregar tu mejor trabajo. Solicítale feedback constructivo, no solamente reacciones críticas, a tus esfuerzos. También solicita feedback sobre lo que estás haciendo bien.
Como jefe, pregúntate si tratas a tus colaboradores de la misma forma que te gustaría que te tratase tu jefe.
Reconoce el trabajo bien hecho. Cuando tu gente le dedica largas horas o contribuyen de una manera significativa, reconócelos. Este reconocimiento puede venir de varias formas – reconocimiento verbal en frente del equipo, un e-mail agradeciendo al empleado por una labor bien desempeñada, incluso atrévete a hacerle un comentario de yapa como, “realmente te apreciamos.”
La forma más básica de mostrar tu aprecio es quizás la más fácil: dile “gracias.” Esta palabra generalmente no se escucha lo suficiente en la oficina. Los jefes son veloces al quejarse (creo que practican en frente de un espejo con su sombrero de vaquero puesto) cuando algo sale mal, pero al final del día no se ven dispuestos a dar un gracias por un día honesto de trabajo. Inténtalo. El dar las gracias – con intención - paga los dividendos en el trabajo.
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