El otro día le pregunté a un compatriota mío, “¿Que tal vas con la chamba?” y observé que su respuesta fue, “ahí, luchando”. Una respuesta que he escuchado con mucha frecuencia desde que regresé a mi Perú. “Ahí, luchando” o “batallando” son respuestas que me hacen dudar si es que tenemos una visión cultural alegre de nuestras vidas y entornos de trabajo… seamos sinceros, que tipo de respuesta es esa. ¿Será que culturalmente sentimos que tenemos que transmitir que estamos en un estado de guerra para que los demás piensen que nos sacamos el ancho trabajando… y no somos flojos? La verdad es que no lo sé, pero me preocupa que el motivo sea más y más que la mayoría de las personas que responden de esta forma no son felices en su trabajo; lo cual me llevaría a temer que tampoco son felices con sus vidas. A lo largo de mi carrera como coach he tenido el privilegio de ayudar a cientos de ejecutivos a lograr cambios positivos en sus conductas que les ayudaron a su vez a lograr mejores resultados. En algunos de estos casos hemos enfocado el proceso de coaching a lograr mayor felicidad en el trabajo y se me ocurre que algunas de las ideas resultantes podrían ser interesantes para los lectores de Punto RH.
1. Elige ser feliz en tu trabajo.
La felicidad es mayormente algo que tú escoges. Ya puedo escuchar a muchos de ustedes pensando que están en desacuerdo, pero es verdad. Tú puedes escoger ser feliz en el trabajo. ¿Suena sencillo? Sí. Pero la simplicidad es con frecuencia profundamente difícil de poner en acción. Yo desearía que todos tuvieran el mejor empleador del mundo, pero, encarémoslo, es posible que no sea el caso. Así que, piensa positivamente sobre tu trabajo. Enfócate en los aspectos del trabajo que te gustan. Evita personas negativas y rumores de pasillo. Encuentra colegas que te caen bien y pasa más tiempo con ellos. Tus decisiones en el trabajo definen en gran parte tu experiencia. Puedes escoger ser feliz.
2. Haz algo que te encanta cada día.
Puede ser que ames o no tú trabajo actual y puedes creer o no que se puede encontrar algo que te encanta sobre tu trabajo, si se puede; confía en mí. Mírate bien, tus habilidades e intereses, y encuentra algo que puedes disfrutar de hacer todos los días. Si haces algo que te encanta cada día, tu trabajo actual no te parecerá tan malo. Claro, siempre tienes la opción de hacer que tu trabajo actual funcione o decidir que ha llegado el momento de cambiar de trabajo (ver más sobre esto en el punto 10).
3. Toma el control de tu propio desarrollo personal.
Una joven ejecutiva se quejo conmigo hace poco de que ella quería cambiar de trabajo porque su jefe no hacia lo suficiente para desarrollarla profesionalmente. Le pregunte, ¿Quién es la persona más interesada en tu desarrollo?” La respuesta obviamente… ella misma. Tú eres la persona que más se va a beneficiar al continuar tu desarrollo profesional. Toma control de tu propio crecimiento; pídele ayuda específica y significativa a tu empresa, pero debes marchar con la música de tus propios planes y objetivos de desarrollo. Eres la persona que más ganará al crecer- y la que tiene más que perder si no te mueves. Si tu empresa no te ofrece las oportunidades de desarrollo que buscas, encuéntralas externamente. En nuestro mercado existe un sinfín de diplomados, maestrías, talleres y programas de formación que te pueden servir.
4. No seas un vehículo pasivo.
Con frecuencia escucho quejas de personas que dicen que no reciben suficiente comunicación e información sobre lo que sucede con la empresa, los proyectos de su departamento, o sus pares. Vehículos pasivos, esperan y esperan a que su jefe les llene de conocimientos. Y, este conocimiento rara vez les llega. ¿Por qué? Porque su jefe está ocupado haciendo su propio trabajo y no sabe que es lo que no saben. Busca la información que necesitas para trabajar efectivamente. Desarrolla una red de información y utilízala. Solicita asertivamente una reunión con tu jefe y/o pares y haz preguntas que profundicen tu aprendizaje, ofréceles feedback sobre qué es lo que pueden hacer para que puedas lograr mejores resultados. Tú eres el encargado de la información que recibes.
5. Solicita feedback con frecuencia
Alguna vez has hecho comentarios tipo, “Mi jefe nunca me da feedback, así que nunca sé cómo me está yendo.” Encarémoslo, sí sabes exactamente cómo vas. Especialmente si te sientes positivamente sobre tu desempeño, la realidad es que solo quieres recibir reconocimiento por lo bien que lo haces. Si el caso es que no te sientes positivamente sobre tu desempeño, considera que es lo que puedes hacer para mejorar y comprométete con una contribución sincera. Luego pídele feedback a tu jefe. Dile que realmente te encantaría escuchar su evaluación de tu trabajo. Habla con tus clientes también; si les estás atendiendo bien, su feedback sirve de refuerzo. Tú eres responsable por tu propio desarrollo. Todo lo demás es aderezo.
6. Haz compromisos que puedas mantener
Una de las causas más serias de estrés e infelicidad en el trabajo es la falta cumplir con los compromisos. Muchos dedican más tiempo creando excusas por no cumplir y preocupándose de las consecuencias que elaborando las tareas necesarias para cumplir con sus compromisos. Crea un sistema de organización y planificación que te permita determinar tu habilidad para completar cada objetivo. No te ofrezcas si no cuentas con el tiempo necesario para hacerlo. Cuando tu jefe te solicite una tarea nueva, enséñale lo que ya estás haciendo y pregúntale donde debes priorizar negociando la fecha de entrega de cada objetivo. Si tu carga de trabajo excede tu disponibilidad de tiempo y energía, crea un plan comprensivo para solicitarles ayuda y recursos a tu jefe y a tus colegas. Evita navegar sobre un pantano de promesas incumplidas.
7. La futilidad de la negatividad
El escoger ser feliz en tu trabajo implica que evites conversaciones negativas, rumores de pasillo, tu necesidad de rajar y a las personas negativas en lo posible. No importa que tan positivo te sientas, una persona negativa puede tener un impacto profundo en tu estado de ánimo. Para más información sobre cómo tratar con personas difíciles o negativas consulta el articulo Seis tipos de Colegas Difíciles y Como Manejarles en la sección de artículos anteriores de Punto RH.
8. Busca distracciones divertidas
Hay personas que creen que las palabras “trabajo” y “diversión son mutuamente exclusivas… pero la verdad es que dosis de levedad, sean causadas por una sonrisa compartida con un colega o de un video gracioso del YouTube, en realidad ayudan a las personas a pensar con mayor claridad y creatividad.
De hecho, cuando nos sentimos felices, nuestras neuronas disparan con mayor velocidad y eficiencia. Es importante apoyarte en el trabajo con actividades que te entretienen, tipo ver fotos de tus últimas vacaciones, jugar un juego, o salir unos minutos para un poco de aire fresco.
9. Deja tus frustraciones laborales en su sitio
No es poco común que lleguemos a casa con nuestros problemas laborales sobre los hombros. Muchos lo hacen diariamente. Desafortunadamente este es un hábito que puede impactar negativamente en la calidad de tu vida personal. Aunque sí es cierto que ocasionalmente ayuda hablar sobre tus problemas de trabajo con tu esposa, pareja, familia, amigo o otra oreja simpatizante, el hacer esto constantemente es una forma de asegurar que tu vida profesional derrame sobre tu vida en casa. Si pasas una gran cantidad de tiempo hablando y pensando sobre tu trabajo en casa, cuidado, corres riesgo de desgastarte y a ellos que te rodean a lo largo del tiempo. Considera tomar el control de tu vida y enfocarte en las cosas que disfrutas. Al fin y al cabo, no te están pagando por las horas que dedicas a pensar sobre el trabajo en tu casa… así que no hay un beneficio en traerlas a casa. Además tu tiempo en casa debe representar un momento de tranquilidad y felicidad con tu familia para que puedas recargar tus pilas y regresar al trabajo listo para enfrentar cualquier situación.
10. Si todo lo demás falla, buscar un trabajo nuevo te hará sonreír.
Si ninguna de estas ideas están resultando hacerte feliz en el trabajo, ha llegado la hora de re-evaluar tu empresa, tu trabajo o hasta tu carrera completa. No quieres dedicar tu vida haciendo un trabajo que detestas en un ambiente que te chupa la vida. Si puedes buscar otra oportunidad mientras trabajas en ese lugar, bien por ti, la búsqueda en sí pondrá una sonrisa en tu rostro. Si esta no es una posibilidad, renuncia, no te imaginas la sensación de libertad, alivio y alegría que puede generar salir de un ambiente de trabajo que te estaba ahogando. Demasiadas veces he escuchado historias de personas que se sienten atrapados en sus trabajos y sin salida, esclavos de su propia situación laboral y sus paradigmas socio-económicos. Por más que renunciar cause que tu o tu familia pasen por momentos difíciles, lo agradecerás en el futuro cuando te encuentres trabajando en algo que sí te gusta y pienses “disfruto de mi vida” en vez de estoy ahí… “luchando” o “batallando”.