Cada persona es única y nace con un talento especial. Todos sabemos eso o lo hemos pensado alguna vez, pues es un auténtico milagro, pero ¿qué hacemos para vivirlo?
El "tren" en el que viajamos, etapa por etapa, nos lleva de una estación a otra, con paradas establecidas que a veces no permiten que las personas exploren otras rutas y descubran qué cosa las hace vibrar o todo lo que se puede aprender antes llegar a “la última estación”.
Nunca ha dejado de maravillarme lo que sucede en la mirada de una persona cuando se le dice que es única, que no hay otra en el mundo entero exactamente igual a él o ella y que hay algo que nadie puede hacer mejor. Los niños se quedan fascinados y sonríen, mirándose unos a otros, lo celebran y lo viven.
Con el pasar del tiempo las personas se van alejando de su esencia y se van identificando con el símbolo cronológico de su edad y de lo que ella "debería" representar. Dejan de hacer lo que aman porque deciden verse de determinada manera. Para otras, deja de tener importancia porque han permitido que sus emociones y sus vidas, se vuelvan completamente grises.
En mi experiencia como Coach y profesora, afortunadamente he podido ver a muchísimos adultos de todas las edades despertar a su esencia y a sus ganas de disfrutar cada etapa al máximo, de construir nuevas paradas en lugares inimaginables.
Existe una fuerza vital que se manifiesta con mayor o menor intensidad, antes o después, en la mayoría de las personas. Consciente o inconscientemente vamos buscando caminos que nos lleven hacia un lugar mejor. Desde una persona que hace cambios radicales por mejorar, a otra, que está perdida y destruye todo con acciones erráticas para de renacer y construirse un mundo nuevo. Por otro parte, algunas después de una tragedia, se ven obligadas a reinventarse y en el proceso descubren una manera de vivir más feliz que la que perdieron y descubren su verdadero potencial.
Existe una constante en ese “despertar”, que me ha llevado a algunas conclusiones y teorías. Una de ellas es lo que llamo “Las vibraciones y sus resultados”. Es decir, la energía que tiene la persona o estado emocional desde el cual experimenta la vida y cómo este determina sus resultados.
Cuando estamos rodeados de situaciones que nos roban energía vital o nos bajan el estado de ánimo, como pueden ser noticias que presentan una visión desalentadora sobre el presente y el futuro o personas llenas de rabia y pesimismo, con un ruido mental que no deja espacio para que nazca una sola idea constructiva. Cuando realizamos actividades que no nos apasionan, o no hacemos nada y nos volvemos sedentarios, esas vibraciones van bajando y la persona que en teoría quiere algo mejor, es arrastrada por ese entorno que la incapacita y le hace perder la motivación. Pasa de la frustración a la apatía de forma gradual, sin ser consciente del entorno nocivo en el que está porque no conoce otra cosa y no toma acción.
De esta forma, es difícil que una persona pueda estar en un lugar adecuado para crecer y contruir. Esos estados se alcanzan con mayor frecuencia en el gozo, la paz y en la fuerza de la inspiración.
Por esa razón, es esencial erradicar los estímulos negativos y destructivos con disciplina y constancia.
Y muchos preguntan, ¿Dónde se puede encontrar inspiración y cómo se puede VIVIR INSPIRADOS constantemente? Las fuentes de inspiración son tan únicas como las personas que las escogen. Cada uno de nosotros tiene una melodía interna, un impulso, un elemento que detona su fuerza vital.
Para algunos es la música, para otros puede ser el deporte, el baile, la filosofía, la naturaleza, estar en el mar o perderse en un bosque, o tal vez explorar una nueva ciudad. Otras personas se reencuentran con su esencia, apreciando o manifestando su propio arte, al aprender algo nuevo, en la risa, buscando tesoros en un libro, en una obra maestra o en su jardín.
Dentro de cada uno hay recursos ilimitados y un instinto que nos dice qué nos puede elevar.
Preguntarse por ejemplo, ¿En qué soy único? ¿Qué me hace feliz? ¿Cuándo siento que el tiempo no existe? ¿Qué me impulsa a crear o tomar acción? ¿Qué me deja una sensación fantástica en el cuerpo? Son preguntas con respuestas con información valiosa. El cuerpo contiene nuestro mapa biológico y nos da sensaciones constantes sobre lo que nos regala vida y lo que no. Estar atentos a él es como usar una brújula natural. También se encuentran pistas en los recuerdo felices de la infancia. Ahí están nuestras primeras sensaciones de alegría y posibilidad.
Luego, si buscamos estos estímulos con regularidad, podremos lograr un estado emocional y físico de bienestar que contribuya a elevarnos. Una vez que se hace un hábito y una preferencia, se vuelve una tendencia natural, un motor, una llama. Esa llama es la alegría natural y las ganas de vivir que nos hace ver nuestra realidad con ilusión o nos da la claridad y la fuerza para cambiarla si es necesario.
Es ese estado, somos como los niños que persiguen cada instante con fascinación. No es un número lo que determina la capacidad de una persona de vivir con plenitud, sino la potencia de su llama, el deseo de descubrir y explorar sus posibilidades al máximo cada día.
Suele ser en esos estados de emoción y máxima inspiración, que las personas son capaces de lograr cosas extraordinarias y vivir su miagro.